domingo, 15 de enero de 2017

Cosas que no entiendo



Esta semana no he ido a trabajar. Me apunte a un curso intensivo para preparar un examen. He usado cinco días de mis vacaciones para ello, y lo he pagado yo misma.

Estaba algo asustada por el examen, ya que incluía una parte de cálculos estadísticos. Y yo  soy bastante mala para todo lo que tenga que ver con números. Esa fue la razón por la que me apunte a las clases, la verdad. Porque yo sola no lo habría entendido, o de haberlo hecho me habría costado meses.  Se me dan mejor los razonamientos lógico –verbales que los numéricos. Bueno, en realidad es que no se me dan de ninguna manera, ni siquiera mal.  

Por si fuera poco, gracias a la huelga de metro, el lunes tuve que pasarme cuatro horas bajo la lluvia y con frío.

El Martes me subió la fiebre, aun así, conseguí pasar el primer examen (Nivel Fundación) con un 93% de aciertos. Pasar el primer examen con semejante ratio estando literalmente drogada en paracetamol, con fiebre, sudores, temblores, la cabeza a punto de estallar y malestar general, a mí me pareció un logro genial. Y me sentía muy orgullosa de mi misma, la verdad.

El miércoles yo estaba pensando que si no me bajaba la fiebre, no me presentaría al examen de nivel “Practitioner” previsto para el Viernes. Pero me bajo, así que decidí hacerlo de todos modos.

Durante todo el curso, el profesor había ido poniendo un listado con nuestros nombres en la pizarra, y cada vez que consideraba que alguien hacia una contribución relevante, ponía una marca al lado del nombre. Yo hice algunos comentarios, pero ninguno mereció la “marquita”. En una ocasión, tras una intervención mía, el punto fue para un compañero que en un ejercicio de mansplaining increíble re-formuló mi propia contribucion después de mí.

Yo note que el último día hizo preguntas a propósito a un par de alumnos que no habían participado hasta el momento para poder ponerles la dichosa marquita. Por alguna razón no lo hizo conmigo.

El examen de nivel “Practitioner” estaba previsto para el viernes a la una de la tarde. A las doce teníamos el último descanso. A las doce  y media regresamos a nuestros sitios. El profesor había vuelto a la sala con una caja de Donuts, y empezó a leer los nombres de las personas con marquitas a su lado para darles un Donut como premio a su trabajo, esfuerzo y participación.

Todos los demás, excepto yo, recibieron su Donut  junto con una felicitación. El profesor prefirió dejar uno en la bandeja sin entregar, antes que dármelo a mí. No, no era posible una confusión, ya que en el aula éramos once estudiantes. Y de hecho, hubo comentarios en la sala y preguntas acerca de porque yo no estaba comiéndome mi Donut. Pero nadie hizo nada. Salvo reír.

No sé si deliberadamente o no, el caso es que dejo la caja con el Donut que debería haber sido para mí justo en la mesa situada delante de mi sitio durante todo el examen.

Yo es que no lo entiendo. No entiendo a que vino ese desprecio y voluntad de hacerme daño tan gratuita. Era totalmente innecesario. Si realmente soy tan mala como parece que este señor opina, no necesitaba hacer nada, habré suspendido yo solita. Sabré los resultados del segundo examen la próxima semana. 

Yo se que no soy brillante, por eso tengo que esforzarme. ¿Pero eso justifica ese deseo de herirme tan gratuitamente? ,¿De hacer todo lo posible porque tu propia alumna suspenda?, ¿ Por tratar de desestabilizarme justo antes y durante todo el examen?, ¿ Pero yo que le he hecho a este señor? ¿Pero porqué? 

Llegue a mi casa llorando. 

Y ni siquiera me gustan los Donuts.



*** 17/01/2017: He sabido que he aprobado.