lunes, 20 de abril de 2015

De cuando tu lado horrible no es tan horrible, y además te hace un favor.


"Cada vez que se aburre de andar,
da un salto mortal."

Esto de estar medio-pa-llá tiene sus ventajas. Mi cerebro, que en algunas ocasiones se me rebela, ha tenido la amabilidad de disociarse nuevamente. Pregúntenle a cualquiera con las siglas "Dr" delante del nombre de su profesión y muy gustosamente les explicarán todas las razones por las que es un hábito nada recomendable.

Me la sopla. Muy agradecida que le estoy en esta ocasión.  

Recuerdo la primera vez que ocurrió conmigo de espectadora. Asistiendo y no sobreviviendo. 

Yo estaba en una cafetería de Madrid. Nada fashionista y bastante tranquilita, pero con un desayuno de los que me gustan a mi los fines de semana: Café de verdad -no este brebaje horroroso que sirven por estos lares- zumo de naranja natural y tostadas de pan con tomate. 

Era Domingo por la mañana, yo estaba leyendo el periódico y tenía planeado ir a dar una vuelta por el Rastro después. Y entonces sonó el teléfono. 


 -"Ring", primer timbrazo. 

Yo inclino la cabeza para ver el número del llamante. Y lo veo, claro. 

Al otro lado del teléfono, y resumiendo, quien llama es un embrollo. Una de esas situaciones en la que nunca vas a ganar porque hagas lo que hagas, te haces daño. 

Te haces daño si te vas,  porque mentalmente no puedes alejarte. Te haces daño si te quedas. 

La única salida lógica es hacerte daño e irte; porque al menos, escogiendo esta opción hay una posibilidad de que en el futuro deje de doler. 

Y racionalmente hablando, el daño nunca será físico si te alejas.  El mental te lo llevas de todas todas, en eso no hay salida. No es que el mental sea necesariamente menor. Pero como norma general, a igual intensidad, un sólo golpe es mejor que dos cuando es una misma quien los lleva. 


 -"Ring", segundo timbrazo.

"Andá" pero si yo no quiero hablar", fue mi  pensamiento. 

No es que tuviera que obligarme a no cogerlo. Es que no me daba la real gana. Y además tenía la boca ocupada con la tostada de pan con tomate. Las tostadas de pan con tomate saben mejor con pan crujiente y calentito, donde va a parar. 


 -"Ring", tercer timbrazo.

"Es que no quiero hablar ni ahora ni nunca".  

No contesté ni esa llamada ni ninguna de las que le siguió. Para ser honestos, a partir de entonces,  le sacaba la lengua al teléfono cuando sonaba. Hasta que dejó de sonar. 

Veinte segundos escasos y a mi aquello ya me importaba una higa. En realidad,  no recuerdo mucho mas allá de ese momento. Ni siquiera si volvimos o no a hablar. 

Mi querido cerebro parece tomar estas decisiones por su cuenta. En algunas ocasiones en las que el dolor se vuelve, por las razones que sea, intolerable, tiene la amabilidad de hacerme ese favor. Hay quien lo denomina Trastorno. A mi me empieza a resultar encantador. Todo lo que implique ahorrarse un drama me lo parece.

Y tampoco es que el desencadenante tenga que ser nada especial, ni llamativo, ni exagerado, ni siquiera inusual. Simplemente, en algún momento, ya es suficiente. 

Y ha vuelto a ocurrir. Y moooola. Vaya si mola. Voy a darle a ese amasijo de neuronas un chute de helado de chocolate a modo de compensación química.

Y tan ricamente...



5 comentarios:

  1. Hola, Prunita,

    Justito te estaba por escribir para preguntar como andabas,
    y veo esta entrada magnífica en todos los aspectos, incluso, por
    el dolor que transmite.

    No, no es trastorno. Y tu lo has dicho: cuando el monto de
    dolor es tal, la mente hace eso, como defensa,
    para protegerse. Además, no contestar en un caso así,
    tienes mucha razón, es muy sano.

    Dame noticias por correo, espero que
    te encuentres mejor¿vale?
    Te mando un abrazo bien fuerte.

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  2. Conclusión... no podré pedir café... pero sí helado de chocolate... el día 7 lo comprabaré in situ... hágame sitio en la city.

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  3. "Magnifica"? Porqué? No tiene nada de especial....esto se ha convertido en una especie de Diario Emocional ...no espero que se a magnífico. Ni siquiera interesante.

    Me sigue sorprendiendo tu presencia.

    A ver si "nos vemos".

    Una abrazo!

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  4. Así que al final se viene, D. Odiseo?

    Tiene todo el sitio que quiera, y además, es Primavera.

    Nos vemos,

    P.

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  5. No sé, Prunus, quizás porque me llegan
    al corazón los diarios emocionales, esas transmisiones
    que nos hacen ser humanos, sino, seríamos máquinas.

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