viernes, 30 de mayo de 2014

Miraditas




Bueno, vale, de acuerdo...eres atractivo, seguro de ti mismo, divino de la muerte, encantador y al parecer, listísimo.

Tienes los ojos azul cielo siempre bien abiertos, a juego con tu perfecto traje y con el logo de tu empresa. La sonrisa clara de blanqueador dental y ni un puñetero grano en la piel…bendito sistema hormonal. 

Y los viernes como hoy apareces por la oficina en vaqueros y camiseta, marcando musculitos de gimnasio, poniendo posturitas delante de mi, asegurándote de que me entere de que estas aquí ...o sea, que sí, que bueno, que vale, que de acuerdo, que eres atractivo, seguro de ti mismo, divino de la muerte, encantador  y al parecer, listísimo. Ya lo he dicho antes.

Así que a ver, explícame tu a mi por que co*~##'@#! no dejas de mirarme. Porque me he pasado la última semana haciendo pruebas y he llegado a la conclusión de que si, que eso que me estas echando son "miraditas de oficina". En Ingles o en Español. 

Que yo me he hecho una estadística en un excell chulísimo y todo, archivado en "C", como "Miraditas Tracker". Y me ha salido bien clarito: De las 27 veces que me he levantado a la fotocopiadora/aseo/máquina de agua/reunión/varios, me he tropezado con tu mirada en 23 ocasiones. 

Y eso sólo en una semana, esta última. Y  el sujeto control sólo ha dado positivo en una ocasión, y eso porque me tropecé por el camino e hice mucho ruido al tirar unas carpetas al suelo justo cuando pasaba por su lado haciéndole derramar todo el café. 

Y a estas alturas, no se que te estarás pensando, porque tras las 23 miraditas en las que yo solo estaba tratando de certificar el ratio, tu te has debido interpretar que te las devolvía...porque claro, ya lo he dicho, eres atractivo, seguro de ti mismo, divino de la muerte, encantador  y al parecer, listísimo . Como no iba yo a devolverte las miradas? . Así que  hoy te me has pasado a las sonrisas de punta a punta de la oficina. Se te reflejaban hasta los destellos de la lucecita de reponga-usted-el-toner de la fotocopiadora en los dientes. 

Creo que en esta oficina nos aburrimos mucho todos. Estaría bien si nos pusiéramos a trabajar, sólo un poquito. Sólo de vez en cuando. Y por variar. 


lunes, 19 de mayo de 2014

Propaganda electoral.







Pero vamos a ver...¿A nadie más le parece indignante e insultante esto de recibir panfletos electorales en el domicilio particular?

Indignante porque yo no puedo evitar que una entidad que no es pública tenga acceso a mis datos personales, tales como edad, nombre completo, apellidos, documento nacional de identidad, nivel de estudios y domicilio. Y todo ello sin que me conste que las personas que accedan a esos datos ofrezcan un mínimo de solvencia, hayan pasado por algún proceso público para su selección o estén sujetos a responsabilidad de ningún tipo. 

Indignante porque yo no he solicitado nada, porque yo no he pedido que me envíen nada a mi casa, porque no me interesa lo más mínimo. Porque yo puedo darme de baja, amparada por una Ley Orgánica, de cualquier lista de envíos con fines promocionales de cualquier supermercado, pero no puedo evitar recibir esa propaganda electoral en mi casa.

Insultante porque ni siquiera me envían un programa electoral; me envían un sobre con la papeleta para votar. Insultante porque al hacerlo están presuponiendo que yo no puedo escoger por mí misma el papelito correspondiente de encima de una mesa. Suponiendo que quiera hacerlo. 

Oiga, déjenme en paz, quieren? 



miércoles, 14 de mayo de 2014

"Cómeme", ponía la galleta.






Tengo un amigo que opina que no hay categorías entre las personas; que éstas no son mejores o peores sino diferentes. Yo no estoy muy de acuerdo, debe ser que no soy tan buena persona como él. 

A mí sí que me parece que hay "categorías". El criterio principal para categorizarlas es la voluntad de  hacer daño, particularmente a quien no puede defenderse. Si además le añadimos la ausencia de beneficio  más allá de la contemplación del sufrimiento ajeno, entonces yo diría que  me encuentro ante una persona "mala", a falta de otro calificativo más específico. Y una persona "mala" es peor que una "buena". 

Y ya sin tanto melodrama, yo misma considero que soy mejor persona ahora que hace unos seis años. Y además he tenido ocasión de comprobarlo este fin de semana.

He vuelto a mi ciudad natal, y me he hecho un tour por mi pasado; así de gratis en plan máquina del tiempo casera.  

La ciudad se me hacía pequeñita, y no, no me perdía para llegar a ninguna esquina. Pero llegaba en veinte minutos como mucho y entonces se acababa la calle. Y en la peluquería me sacaron la ficha de mi hermana por los apellidos, conseguí in extremis que no me aplicaran su tratamiento. Y en la óptica me salía un descuento por otro miembro de mi familia (Cómo sabían que eran familia mía?) Y los productos de las tiendas tenían todos nombres y usos reconocibles. Podía leer todas las listas de ingredientes en mi idioma. 

Y la gente era toda igual por las calles, no había asiáticos, ni africanos, ni sudamericanos apenas, ni nada que entorpeciera la hegemonía genética del norte. Ni prendas imposibles, ni estampados de países exóticos. Y  todas las conversaciones se producían en un sólo idioma con un único acento. Y tampoco había niños ni adolescentes apenas, en más de un triste momento me encontré a mí misma constatando que era la persona más joven a la vista. En mi ciudad ya no hay niños. 

Pero lo más impactante fue pasearme por mi mente pasada. Me explico; por experiencia he comprobado que uno suele rodearse de personas que reflejan su manera de pensar, con los que se siente cómodo. Si bien cada persona no refleja todos los matices, el conjunto suele esbozar una imagen indiciaria.

Yo me reuní con varias personas a las que hacía años que no veía, ni con las que mantenía una conversación.  Alguna era mala, otras pequeñitas y el tercer grupo, sorprendentemente, no había cambiado. 

Las personas malas y pequeñitas, me alegraron el día. Ya no hay personas así en mi vida, ya no las admito. Las personas que no han cambiado en todos estos años, me desconcertaron. No sé qué pensar. 

Y tampoco tengo mucho de qué regocijarme conmigo misma, la única diferencia entre ellas y yo, es que yo tenía más miedo. Por eso me comí la galleta, por eso crecí. Por eso soy más fuerte, mas grande y un poquito (sólo un poquito) menos ignorante. 


martes, 6 de mayo de 2014

Yo sólo quería a ratos




Yo sólo quería a ratos, y no podía casi nunca
Pero salí huyendo.

Y descubrí que  el mundo real
Este que no es mío,
Es más real,
Y probablemente más mío.

Es tan real como la ausencia,
Como la mía y la del mundo.

Y después de tanto  huir, esconderme y escapar
Y recorrer el mundo,
No llegar
Al final del miedo.