domingo, 20 de julio de 2014

Algo que se pueda ordenar en un párrafo.






Hoy quería yo escribir, y no se me ocurre nada. 

O sí, si que se me ocurren muchas cosas, pero no consigo concentrarme. Tengo la mente vagabunda. 

A mí la palabra me salva, me obliga a centrarme. Sujeto, verbo y predicado. Un orden, de la nada. La existencia se ordena de a poquitos, a base de frases, se sentencias. En mi mente. 

Si me obligo a escribir, me obligo a ordenar. Así pues, allá va: 

Estoy enfadada con el mundo -como si al mundo le importara, como si el mundo me debiera algo- pero sobretodo estoy enfadada conmigo misma por no saber hacerme cargo.

Y entonces me he bajado a Portobello Road. A la tienda de productos Españoles, he comprado Agua de Colonia Alvarez Gómez. Me hace pequeñita, como a Alicia. 

Es fácil sentirse acunada por su olor. Concentrarse en las sensaciones, en una información que no procesa mi cerebro; que va directa al lugar donde se ocultan todos los abrazos que no he dado, todos por los que he llorado. Todos por los que he soñado. 

En la British Library venden reproducciones de los frascos de Alicia, según las ilustraciones de Lewis Carroll, entre las baratijas para los turistas. Son frasquitos redondeados de vidrio verde espeso, con su llave dorada y su tapón de corcho. Y el cartelito. Parecen pócimas de Gargamel. Quizás debiera comprar uno. Y llevar en él la colonia. Quizás debiera colgarlo de mi Kimono, como una Netsuke Japonesa. 

Yo no sabía nada de las Netsukes hasta que me vine a vivir a Londres. Ahora todos los Viernes al salir de trabajar me voy a dar una vuelta al British Museum. Los viernes cierran mas tarde. Ahí es donde las ví por primera vez. La que más me mola tiene forma de tortuga, pero no recuerdo cuando fue hecha.

Nunca recuerdo las fechas, porque sigo enredándome con los años y con el tiempo. No se leer los mapas. Me pierdo en el metro. Odio el acento escocés. No lo entiendo. Me indigna que mi casera haya cortado las ramas del árbol del jardín de debajo de mi ventana. Sonaban al mecerse con el viento. Sonaban hasta en las noches mas frías del invierno. Suavizaban mi mirada. 

Tormenta fuera. La realidad al rescate. Quizás más bien debiera salir a la lluvia. Y temblar por algo lógico. 

Algo que se pueda ordenar en un párrafo. 




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