lunes, 17 de marzo de 2014

Me bendijo con Bondad.



Pocas cosas hay mas redentoras que sentir un manto de bondad derramado sobre los hombros. Un gesto amable de un desconocido, a quien las personas le importan. 

Una pausa breve, un momento compartido para el sosiego  antes de la despedida. La transferencia de una calma que no es mía, y sin embargo, aún  siento. La escucha atenta. La mirada constante. La sonrisa canela. La aceptación. El cuidado. Y ya no somos dos desconocidos. El valor del tiempo cuando no tiene precio. 

Y  nada hay que yo haya hecho para merecerlo, y  nada tengo que pueda devolver. Nada  con qué pagar. Ni siquiera aguardó por mi sonrisa, o mis lágrimas, o mi reconocimiento.

Sólo me bendijo con Bondad.  Bondad suave y sólida. Y  luego, en voz baja, se marchó.



Con amor de vuelta, para M. Pa. 
Espero volver a encontrarte algún día.

M. 

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