lunes, 23 de diciembre de 2013

Para gustos, colores.





... Y lo a gusto que te quedas cantuarreando el "Rata de dos Patas" así por la oficina, cuando algún ente inclasificable toca mucho las narices, sin que nadie entienda nada y encima al Director le de por comentar tu buena disposición...Juas! No tiene precio. 

Para todo lo demás, Mastercard.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Alibabá y los Cuarenta Consultores...





Trabajo con mas de cuarenta tipos encerrada en un ala de un edificio corporativo. No estoy exagerando, por motivos de "confidencialidad" (que pa lo que hacemos, o hago yo, no hacía falta tanta historia, la verdad) nos han clausurado en un ala del edificio. Y lo de los Cuarenta tíos tampoco es una exageración, tío arriba, tío abajo...unos cuarenta consultores masculinos y cinco mujeres. De esas cinco mujeres, sólo dos tenemos menos de cuarenta años. 

La verdad es que la otra chica no se cómo lo llevará. Su estrategia pasa por confundirse con la pared. Pero claro, es que ella tiene la mesa al lado de la puerta. 

Yo no, yo estoy al puñetero fondo de todo el departamento. Cada vez que me muevo, voy a la fotocopiadora (en el otro  lado de la sala, pa j***),  la zona de reciclaje (ya me toca las narices no tener papelera... hay que llevar hasta los kleenex a la zona de reciclaje) voy al baño, a la máquina de agua, a comer, hablo, respiro, existo...me siento como Joan Harris en Mad Men. 

Porque es que además, yo a mí me tengo bastante aburrida, pero por lo visto aquí hay que añadirme el componente "exótico": el acento extranjero, y las caderas mediterráneas, y la cintura estrecha, y el escote abundante, y los ojos verdes, y el pelo moreno... mira tú por donde, como el noventa por ciento de las demás españolas. 

Y ahí estoy yo, realizando de memoria complicados cálculos logísticos para hacer el mínimo número posible de paseíllos por la oficina , y con chaqueta larga. La misma todo los días, una negra que he dejado para ponerme encima de lo que sea.  A la papelera ya sólo voy de la que salgo. A la fotocopiadora cuando no queda más remedio, y aprovechando el viaje para ir al baño a la ida y a rellenar la botella de agua a la vuelta. Y así todo el día. Un sin-vivir. 

Es que encima, casi todo el mundo es amabilísimo conmigo. Yo es que me paso el día flotando entre sonrisas caballerosísimas de cabelleros rubios. Que yo no sé porque carajo me sonríen tanto, que les estoy preguntando por el acceso  a la intranet o el número de extensión de "John Smith". 

¡Y las puertas! ¡Qué jaleo me traigo con las puertas..! ¿Porqué hay tantas puertas en las oficinas,  y en los pasillos, y en las salas? Yo ahora hago unas cosas rarísimas en las puertas, porque es que todos me las abren... y claro, yo estoy mas bien acostumbrada a que me den con ellas en las narices. Y no hago mas que tropezar con todo el mundo. Eso sí, con la puerta abierta y el tipo sonriendo y preguntándome que qué tal estoy esa mañana. 

¡Harta! Eso es lo que estoy esta mañana, me dan ganas de decir. Harta de la puerta, harta del paseíllo que me tengo que dar hasta llegar a la puerta, harta de tropezar en la puerta, harta del consultor sonriendo (cualquiera de ellos)  mientras me sostiene la puerta, harta de ir delante de ellos después de atravesar las puertas, harta de rezar para que no nos juntemos varios consultores y servidora en la puerta. Harta de las puertas. 

Pero claro, no puedo decir nada de eso. Así que yo también sonrío.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El Jefe de mi Jefe



Tengo un nuevo jefe que me va a durar más bien poquito, el próximo Viernes es su último día. Vino con el nuevo trabajo en el que llevo siete días. Qué prisas, por Dios, que yo me he incorporado hace una semana y él se me va ya la que viene.

No es mala persona el hombre, es solo que acumula una serie de características personales bastante incómodas de encajar todas a la vez. Por separado igual la cosa era más llevadera.

En fin, que me extendería maliciosamente sobre el particular sino fuera porque me da como cosilla, él me ha seleccionado y escogido entre un montón de candidatos. Ignoro completamente el motivo. 

El que sí que es un encanto es el Jefe de mi Jefe, ahora sentadito enfrente de mí todo el bendito día. Nos separa medio panel divisorio encima de la mesa común. Y contesta mis emails con más emails diciendo muchos "Thank you" y poniendo caritas sonrientes. Es la primera vez que un Jefe contesta mis emails para darme las gracias. Tan educado, correcto, suave, amable, tostado, acanelado, meloso y amaderado que la primera "orden" que me dio pensé que era una sugerencia. Y no le hice ni pum de caso. 

Nota mental: hacerle caso al Jefe de mi Jefe; estaría bien. Porque, nota mental número dos, conservar el trabajo también estaría bien.