domingo, 24 de febrero de 2013

No eres tú, soy yo.

Amanda Martínez
Para escuchar Pinchad Aquí.






Yo,
No eres tú, soy yo.
Y esa vez era cierto.

No eres tú, soy yo
Soy yo que me agito, soy yo que me revuelvo
Yo, que me alejo, que me asusto
 Me escondo.
Yo

No eres tú, soy yo
Soy yo porque me agrieto, soy yo que me deshago
Yo que me pierdo, me duele.
Yo que te veo.

Tú,  
No eres tú, soy yo.
Deseando que siga siendo cierto.



martes, 5 de febrero de 2013

De Caballeros y no-citas.


Música, Zaz, Pinchad AQUÍ.
(No tiene nada que ver, pero "mola" y da muy buen rollito!)





Esto de andar viviendo a destiempo, tiene sus cosas buenas y malas. En las malas no me voy a extender, porque total, ya tiene una bastante con vivirlas de primera mano, no hace falta dedicarse al revival sadomasoquista con afán de registrador. Qué quieren que les diga ¿Han oído la nueva canción de Alaska? "No quiero mas dramas en mi vida". Pues eso.

Las buenas son mas o menos buenas dependiendo de la capacidad para reirse de una misma, en mi caso bastante alta por pura necesidad: sino, me aburriría. 

Total, y resumiendo: que este fin de semana me he visto en la penosa obligación de aceptar una invitación de un Caballero a quien a priori una no podría reprocharle nada. A mí me gustaría saber porqué últimamente me veo envuelta en esta clase de berenjenales con tanta frecuencia, pero eso es otra historia.

El Caballero en cuestión insistía fastidiosamente en el término "cita", y a mí lo que me parece es que cuando una se viste añorando apasionadamente su pijama, calcetines gorditos y libro, no es una "cita" exactamente; eso es  una "no-cita".  Pero como soy una asocial, pero muy educada, no dije nada y me vestí de añoranza y blanco, con mi mejor sonrisa postiza y voluntad.

Y es que esto de "hacerse mayor" es un asco también en esto de las  no-citas. En mi época de Facu , a una la invitaban a un café. Eso estaba muy bien, a mí me parecía mucho más razonable. Ahora no, en algún momento he entrado en la "liga" de las invitaciones a cenar. Y esto sí que es un peligro, se mire como se mire. Y además te saltas la dieta así a lo tonto. 

Si te invitan a un café, normalmente es a media tarde. Además, una puede llegar, pedir su bebida, beber, y si  la cosa se pone "horrible", dar por finalizado el asunto unos veinte minutos después  Si al tema le incluimos unos tres o cuatro minutos en el aseo, otros dos o tres contestando a mensajitos verdaderos o falsos, y lo que se pueda estirar la charla con el amable camarero o camarera; la cosa quedaría mas o menos en unos doce-quince minutos de infortunio.

Pero en una cena, no hay manera de bajar de la hora y media. Y hora y media  puede ser muy larga. Mucho. Mientras una llega, espera a que quede libre una mesa, se sienta, viene el camarero, se pide, se come, se toma el café, se paga y se termina la cosa. ..hora y media mínimo. Y eso que ya había aprendido a declinar amablemente las ofertas que  incluyen el transporte en el automóvil del susodicho: ahí sí que no hay forma de dar por zanjado el asunto cuando a una le viene en gana con un mínimo de elegancia, ni de librarse del paseíllo  post-cena y con nocturnidad hasta el coche .

Y  yo estoy empezando a sospechar que siempre aparcan tan lejos a propósito, para fastidiarme más a mí a  paso lento. Se requiere además cierta práctica para despedirse en el interior de un coche en cuanto se llega al destino y sin dar ocasión a confesiones de ningún tipo, ni tropezarse con "nada" en medio de los dos besos de despedida.

Así que consigo cambiar la invitación a cenar por un café entre dos compromisos inexistentes. Eso también ayuda porque así una puede decir que tiene que irse para estar en otro sitio, lo cual puede sonar un tanto desconsiderado, pero es absolutamente cierto: una debería estar en su casa con su pijama y con paredes alrededor.

Ya durante la no-cita en cuestión, los dilemas morales aumentan. Porque si una decide que el tipo es un impresentable, y eso normalmente se sabe de antemano, da todo bastante  igual y  ni importa ni deja de importar llegar a los veinte minutos o pasarlos enteritos en el cuarto de baño. 

Pero si el sujeto es uno de esos Caballeros a quien una no tiene nada que objetar, como era el caso, pero que  a una no terminan de gustarle, la cosa se complica. Se puede tratar de "practicar" para cuando sí importe; la pega es que va a sonar un poco raro como explicación cuando una constate que sí que ha funcionado. 

También puede inventarse una así, sobre la marcha y sin pestañear algún novio cañero con el que se tiene algún problema que se aprovecha para consultar con el Caballero. Y sí, una ya sabe que al Caballero en cuestión le importa una higa todo el asunto, o directamente le fastidia, que por eso la ha invitado a una a tomar un café. Es divertido observar entonces el lenguaje no verbal y los intentos por cambiar de tema del Caballero, que una abortará con habilidad magistral y mala leche a partes iguales. 

Yo recomiendo vívamente "repetir" como si fuera propia alguna historia de una de esas amigas  complicadas que todas tenemos; porque es que no es tan fácil improvisar semejantes culebrones  si no se tiene mucha práctica, y las contradicciones pueden ser de antología. Este consejo no aplica si al Caballero en cuestión una se lo va a encontrar mas o menos regularmente por las esquinas de su vida, que eso de andar sosteniendo mentiras es mas bien cansado. 

Tampoco es buena idea en este último supuesto mencionar vergonzosas enfermedades de transmisión sexual o desequilibrios psiquiátricos, filias, intereses en vida monástica o perversiones varias. Puede ser muy tentador observar la expresión y fingir una sentidísima decepción después,  cierto; pero no interesa que al sujeto le de por contrastar la historia con conocidos comunes, colegas o familiares.       

¿Pero y qué se hace con el post de una no-cita?  Ese asunto no lo tengo yo muy bien resuelto por el momento, me temo. En este punto puede ser desternillante una consulta a Google. Prueben ustedes a buscar algo así como "cómo saber si a un hombre le interesas" y ya verán qué divertido. Yo no sé porqué se complica tanto la gente: en general, le interesas cuando a ti no; pero más específicamente, cuando se empeña en volver a verte o en saber de tí. 

Si una se despierta con un mensaje de agradecimiento por un encuentro de veinte minutos a las seis de la tarde,  enviado a las tres y media de la mañana, un mail sobre algo que no tiene nada que ver con el asunto y algún tipo de interacción en alguna de las redes sociales, creo que hasta yo podría decir que sí, que sí que le interesas.

Y si le interesas pero no se comunica contigo, vale más dejarlo estar y ni preguntar, así se lo haya tragado la tierra con cafetería incluida; porque eso tiene pinta de dramático, y yo, como Alaska, ya lo he dicho mas arriba. 

 ¡Ainsss!  y el más difícil todavía ¿ Qué se hace con "esas" miradas cuando a un Caballero a quien a priori una no tendría nada que reprochar, una se lo va a seguir tropezando  dos o tres veces por semana al menos durante el próximo año? ¿Cómo se manda a freír monas elegantemente a alguien que no ha hecho otra cosa que invitarla a una a tomar un café ? ¿ Cómo se le dice a alguien que deje de hablarle a una , de dirigirse a una de cualquier manera, de escribirle a una  o de interacturar de cualquier modo con una, y por sobre todas las cosas, de mirarla a una de "esa" manera? ¿Cómo se le puede impedir a alguien que deje de pensar en una a las tres y media de la mañana?

Creo que debí incluir entre mis propósitos de año nuevo una reducción drástica de cafeína en mi dieta.