domingo, 15 de diciembre de 2013

Alibabá y los Cuarenta Consultores...





Trabajo con mas de cuarenta tipos encerrada en un ala de un edificio corporativo. No estoy exagerando, por motivos de "confidencialidad" (que pa lo que hacemos, o hago yo, no hacía falta tanta historia, la verdad) nos han clausurado en un ala del edificio. Y lo de los Cuarenta tíos tampoco es una exageración, tío arriba, tío abajo...unos cuarenta consultores masculinos y cinco mujeres. De esas cinco mujeres, sólo dos tenemos menos de cuarenta años. 

La verdad es que la otra chica no se cómo lo llevará. Su estrategia pasa por confundirse con la pared. Pero claro, es que ella tiene la mesa al lado de la puerta. 

Yo no, yo estoy al puñetero fondo de todo el departamento. Cada vez que me muevo, voy a la fotocopiadora (en el otro  lado de la sala, pa j***),  la zona de reciclaje (ya me toca las narices no tener papelera... hay que llevar hasta los kleenex a la zona de reciclaje) voy al baño, a la máquina de agua, a comer, hablo, respiro, existo...me siento como Joan Harris en Mad Men. 

Porque es que además, yo a mí me tengo bastante aburrida, pero por lo visto aquí hay que añadirme el componente "exótico": el acento extranjero, y las caderas mediterráneas, y la cintura estrecha, y el escote abundante, y los ojos verdes, y el pelo moreno... mira tú por donde, como el noventa por ciento de las demás españolas. 

Y ahí estoy yo, realizando de memoria complicados cálculos logísticos para hacer el mínimo número posible de paseíllos por la oficina , y con chaqueta larga. La misma todo los días, una negra que he dejado para ponerme encima de lo que sea.  A la papelera ya sólo voy de la que salgo. A la fotocopiadora cuando no queda más remedio, y aprovechando el viaje para ir al baño a la ida y a rellenar la botella de agua a la vuelta. Y así todo el día. Un sin-vivir. 

Es que encima, casi todo el mundo es amabilísimo conmigo. Yo es que me paso el día flotando entre sonrisas caballerosísimas de cabelleros rubios. Que yo no sé porque carajo me sonríen tanto, que les estoy preguntando por el acceso  a la intranet o el número de extensión de "John Smith". 

¡Y las puertas! ¡Qué jaleo me traigo con las puertas..! ¿Porqué hay tantas puertas en las oficinas,  y en los pasillos, y en las salas? Yo ahora hago unas cosas rarísimas en las puertas, porque es que todos me las abren... y claro, yo estoy mas bien acostumbrada a que me den con ellas en las narices. Y no hago mas que tropezar con todo el mundo. Eso sí, con la puerta abierta y el tipo sonriendo y preguntándome que qué tal estoy esa mañana. 

¡Harta! Eso es lo que estoy esta mañana, me dan ganas de decir. Harta de la puerta, harta del paseíllo que me tengo que dar hasta llegar a la puerta, harta de tropezar en la puerta, harta del consultor sonriendo (cualquiera de ellos)  mientras me sostiene la puerta, harta de ir delante de ellos después de atravesar las puertas, harta de rezar para que no nos juntemos varios consultores y servidora en la puerta. Harta de las puertas. 

Pero claro, no puedo decir nada de eso. Así que yo también sonrío.

1 comentario:

  1. Me imagino la situación.... yo también tendría problemas con las puertas y con respecto a lo otro, haces muy bien en tener esa chaqueta. Aguanta querida, que ¿sabes? dentro de poquito dejas de ser "novedad" y luego te verán como a cualquiera de los otros de ahí, ni más ni menos...así con bigote y... bueno, tú me entiendes ¿verdad?

    Quiero desearte también que pases unos días festivos tranquilos y muy buenos, y que el 2014, te traiga muchas alegrías empezando en Enero y siguiendo todo el año, te lo mereces-

    Muchos besos

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