domingo, 20 de octubre de 2013

Mundo Surrealista...






Me compré un coco, me gustan los cocos; me los como. Y me lo llevé a casa. Pero no se me ocurrió que debería partirlo con algo. Primero busqué por los armarios y estanterías, y no encontré nada que me sirviera al efecto. Después le pregunté a mi vecina, que me dio un artefacto que sabe Dios para qué se usa, con el que pude torturar al interfecto, hacerle un miserable agujerito y beberme el jugo, pero nada más.

Así que después de tres días viendo el puñetero coco encima de la mesa, así como burlándose de mí, decido tomar medidas mas drásticas. 

Salgo al anochecer con premeditación y alevosía; y el coco bajo el brazo. Me acerco a una casa en obras de mi calle, lo coloco cuidadosamente encima de una hoja de periódico y me dispongo a asesinarlo con un fragmento de cemento  que encuentro en el preceptivo vagón para reciclaje de materiales.

Y ahí estoy yo, en cuclillas y a puntito de cometer mi primer coco-cidio, cuando de pronto oigo a alguien carraspear por encima de mi hombro. Hay dos hombres vistiendo mono de trabajo mirándome con la sonrisa mas burlona que he visto en un rostro Inglés en los últimos meses.

Yo no digo nada, pero uno de ellos se acerca y susurra:

"-Permíteme ayudarte querida, yo lo mataré por tí; pero a cambio quiero mi parte del botín"

-¿Quieres un trozo de coco? , respondo.

-Sí, quiero mi parte, o llamaré a la Policía.

Yo sonrío y me sonrojo, a partes iguales; él lo asesina de un mazazo. Y luego nos comemos algunos trocitos juntos, pero sin decir nada. Aún quedan restos del cadáver en mi nevera.





4 comentarios:

  1. Eres genial, Prunus.
    Y no sabes las ganas que tengo de abrazarte.
    Estoy siempre contigo, Besos

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  2. Ya te he dicho en más de una ocasión (me lo permitiste entonces, por tanto, creo que se me permitirá ahora el volver a decirlo) que me encanta la "Prunus en estado puro". Y la he vuelto a encontrar en este relato donde la naturalidad y la simpatía se aúnan para relatar hechos cotidianos que se convierten en gestas personales.
    ¿Quién no ha tenido serios problemas para abrir un coco? Recuerdo a una compañera de piso de hace mucho, mucho tiempo, que participó en una aventura similar pero en el marco de una ventana de un cuarto piso martilleando un coco. Ya adivinarás donde fue a parar la fruta; el final no fue tan feliz como el tuyo (para ella, porque yo me hinché a reír).
    Me alegro de que no me gusten los cocos...

    Un besote (por auténtica).

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  3. Myriam,

    No tanto, no tanto....pero acepto el abrazo!

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  4. Marisa,

    Y yo que me he perdido semejante escena...debio ser antologica!
    Y no sabes lo que te pierdes, por los cocos, digo. Ya no es solo que estan buenisimos, es que abrirlos ya es una aventura!

    Nos vemos,

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