domingo, 9 de junio de 2013

La hora del café.



"Nosotros no somos como los demás". Así me dijo  frente a un weak latte en el Starbucks. A mí casi se me atragantan el café y la vida. No, yo no soy como tú; quise gritar. No lo soy en absoluto. Se me revuelve el estómago sólo de mirarte, no quisiera tener que estar con alguien así a cada instante. No podría soportarme. 

Y ahí fue cuando me dí cuenta: No sólo basta con ser inteligente. Hasta ayer a la hora del café, los inteligentes tenían todo mi respeto y consideración por el solo hecho de serlo. El brillito de sus neuronas conectándose me tenía atontada. 

Las maravillosas y complejas ideas que no entiendo me fascinan cuando las atisbo al otro lado de las pupilas de alguien, las historias que no consigo memorizar suelen encandilarme, las conclusiones que no extraigo me producen cierto efecto así como que de encantamiento cuando las escucho en labios ajenos. Pero como casi todos los descubrimientos que realmente valen la pena, éste también llegó por sorpresa. 

¿Y quien te ha dicho a tí que vayan a aplicar a la inteligencia criterios morales? 

No, yo no soy como tú. No lo soy en absoluto. Y lo que es más, tampoco quiero serlo. 


2 comentarios:

  1. ¡¡Qué buen texto, Prunus!!

    La inteligencia sin humanidad, sin emoción, sin respeto, sin generosidad, no es nada. No vale nada y hasta a veces, se pone al servicio de las fuerzas del mal.

    Besos, amiga.
    Espero que estés bien.

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  2. Pasabilillo Myr... y para pasar el rato.

    Tú sí que eres "buena"...un cacho de pan y generosa.

    Vale, lo diré: Sí, Myr, tenías razón!!!

    Un abrazo preciosa. Nos vemos.

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